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GASPAR, un gran inicio a la nueva ola del cine Tarijeño

Nota del editor: Eduardo Avila es Docente a Tiempo Completo de la UCB Sede Tarija y docente de las materias Narrativa Audiovisual y Narrativa Cinematográfica.

Si se puede hacer buen cine en Tarija, y no solo hablamos de posibilidades técnicas o ganas incansables de poder producir séptimo arte desde nuestra región; hoy, tenemos una película con sensibilidad, mensaje, personalización y una magnífica calidad estética y de producción que nos llena de orgullo.

Caracterizada por una singular humildad en la propuesta narrativa, Gaspar es una película simple, sencilla y franca, pero a la vez necesaria en estos tiempos.

La historia de una familia joven, con sueños inconclusos, con anhelos, con problemas como cualquier otra, que se mueve al hilo del mensaje resonador “hay que luchar por las relaciones complicadas” emociona al espectador hasta sacarle lágrimas, porque quizás la entiendes como la tuya propia y porque entiendes la importancia de luchar por la familia y los seres queridos.

Diego Pino logra lo que siempre reclamamos a la producción nacional, salir de los estereotipos vanos y mostrar personajes reales, de carne hueso y de alta sensibilidad con el espectador, además de un mensaje de esperanza y amor en tiempos difíciles.

Acompañando a un gran guion, existe una propuesta estética de alto nivel; la fotografía de Sergio Bastani es íntima, cuidada a detalle en cada plano y en cada movimiento; el diseño sonoro de Nicolás Bluske y la banda sonora interpretada por Camarú y Suke acompañan la emotividad del relato y te da una multisensorialidad emotiva que termina de cerrar correctamente toda la historia, además del diseño de arte y producción que transmite correctamente el contexto de la historia familia y en conjunto muestra paisajes urbanos y rurales de Tarija que invita a enamorarse de nuestra tierra.

La interpretación de los actores refleja franqueza y los sientes genuinos y cercanos; Dragos Popescu (Gaspar) asombra con su interpretación a su tierna edad, Vitorio Lema (Martín) se carga de una manera exquisita el protagonismo con una interpretación multifacética, Eugenia Añazgo (Linda) encara perfectamente el rol de madre joven y una mención especial a la interpretación de Rodolfo Bluske (Cacho), quien da las mejores líneas de la película y a quien extrañaremos indudablemente en el mundo y en las pantallas.

Mención especial a la producción de Yasser Casal, quien se cargó el proyecto al hombro junto a Diego Pino, y logró lo impensado; producir en altísima calidad, con pocos recursos y con mucho sacrificio, el tiempo y el esfuerzo dio un fruto que esperemos florezca en nuevas propuestas desde esta verdadera Máquina de Sueños.

Si se puede hacer buen cine en Tarija; hace casi 20 años atrás se soñaba en un cuartito de la UCB Tarija (nuestro primer Laboratorio Audiovisual) en poder contar historias de buena calidad desde el sur del país, Diego Pino, Sergio Bastani y varios más fueron parte de ese sueño, y hoy con GASPAR sentimos que al audiovisual en Tarija puede estar en el sitial que se merece, y además inspirar a las futuras generaciones de comunicadores a soñar y a creer que los sueños pueden cumplirse y que las historias deben contarse.

Jean-Luc Goddard decía que “el cine no es un arte que filma la vida, el cine está entre el arte y la vida” y esta película cubre a cabalidad esta cita de uno de los grandes de la Nueva Ola Francesa. Que la opera prima de Pino y su equipo sea el principio de una Nueva Ola Tarijeña, cine entre el arte y la vida con sencillez, estética y mensaje.

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