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En este tiempo de pandemia, compartimos algunas reflexiones de los estudiantes de Comunicación Social

Cuando la vida cambia inesperadamente porque una pandemia ha condicionado de otra manera la existencia humana, nuevos pensamientos y nuevos sentimientos nacen en el alma. 

 Motivados por la dura realidad que están viviendo, los estudiantes de primer semestre de Comunicación Social, iniciando sus prácticas profesionales y motivados por la dura realidad que están viviendo han comenzado a practicar su profesión y escribieron su sentir, en pequeños artículos que a partir de esta edición la UCB publicará por este medio virtual.

Es importante resaltar el esfuerzo realizado por estudiantes y docentes en este periodo de clases virtuales, que demuestra la resiliencia de nuestra comunidad universitaria. En este oportunidad, deseamos compartir dos artículos de creación producidos por alumnos de primer semestre en la materia de Redacción I de la Carrera de Comunicación Social, mencionó el director del departamento Lic. Marcelo Pacheco.

A continuación presentamos los artículos de Fabiola Calderón y Valeria Belén Rivera Maldonado:

CUARENTENA

Odio todas las mañanas
Odio despertar en esta realidad
No tengo ganas de hacer nada
Solo quiero salir a pasear

Pero no puedo, nadie puede
Estoy vacía, encerrada…
y otros por salir, son encarcelados.
¿Cuándo pasó? ¿Cuándo llegó? ¿En qué momento?
Me pregunto, mientras controlo el susto

Ya no duermo
Me desvelo, solo pienso y agradezco
Yo tengo un techo, una casa y no falta el pan el mañana
Lo valoro, en serio lo valoro

Pero… ¿y esa niña?
Esa niña que no tiene ni casa ni mamá
¿Y ella? Ella que sí tiene casa, pero su marido la maltrata….
Ella que en vez de cumplir la cuarentena, cumple una condena.

“Que no salgas de casa, que estas segura “
Dice la policía y el gobierno con su palabra dura.
Pero en realidad nos hace falta gente chura
Que conozca la empatía y actúe con dulzura.

Fabiola Calderón – Estudiante de Comunicación Social UCB Tarija

LA SOLEDAD, TAN HERMOSA Y MORTAL

Estamos en los últimos días de confinamiento; la verdad fue imposible no sentir miedo en todo este trascurso.; inseguridad en salir a la calle, en acercarse a la personas, en cualquier contacto con el exterior. Los acontecimientos se dieron muy rápido. De la noche a la mañana empezó la cuarentena y nadie estaba preparado para ello, pese a que en las noticias veíamos cómo el Covid-19 invadía las naciones. Cuando llegó a Bolivia  fue insólito. Nunca imaginé vivir esto. Todos los planes que idealizamos para este año se esfumaron en un abrir y cerrar de ojoso. Se sintió el paso del tiempo. Ya estamos en junio, entrando al invierno y sigo pensando que es marzo.

Después de dos meses sin salir de casa, había días en los que la cotidianidad y las obligaciones que tenía para la Universidad me hacían olvidar del mortal virus. El tiempo, simplemente pasaba. Mi suerte es que tengo una familia unida y una casa grande. Dos  de mis tíos se quedaron con nosotros, para que la soledad no los consumiera. Con ellos jugamos cartas, y otros juegos de mesa, vemos películas. En el fondo de la casa  creamos una cancha de voleibol, esto nos ayudó a sobrellevar la cuarentena y el estrés.

El primer mes estaba tranquila; pero cuando aumentaban los casos,  también  crecía la preocupación; y surgía callada la pregunta: ¿Qué pasará con nosotros? Creo que el temor aumentó más ahora, porque en la materia de Noticias II con el docente Jesús Cantin, hicimos diversas entrevistas; tuvimos la fortuna de hablar con un periodista del Beni, y él  nos comentó que esa parte del país está colapsando. No hay médicos, tampoco material de bioseguridad, los hospitales están repletos, los casos aumentan exponencialmente y la única opción que queda es el darwinismo social: que el cuerpo más fuerte sobreviva. Escuchar algo así fue desalentador;  pero tiene razón,  lo único que nos queda es aprender a convivir con el virus.

Solo espero que cuando pase todo esto, hayamos aprendido nuestra lección, mejoremos las cosas que estuvimos  haciendo mal, que no todo vuelva a ser como antes, sino que sea mejor:  que seamos personas de bien, que ayudemos a los demás, que valoremos lo que tenemos, que valoremos a las personas que tenemos con nosotros; que amemos más, que seamos empáticos, felices, bondadosos, cariñosos, que nunca dejemos de disfrutar y apreciar los pequeños momentos, porque en cualquier instante todo puede cambiar.

Valeria Belén Rivera Maldonado – Estudiante de Comunicación Social UCB Tarija