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Al pueblo santo de Dios en Tarija: Fe, confianza Y solidaridad en medio de las pruebas

“Sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mt 28,20).

Estimados Hermanos y Hermanas en el Señor.

Al inicio de la Semana Santa, quiero saludar a todos los Sacerdotes y Diáconos, a la Vida Consagra, a los Fieles laicos, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de la Diócesis de Tarija, expresando mi cercanía y afecto con las palabras del Señor Resucitado: LA PAZ ESTE CON USTEDES!!! Esas palabras que fortalecieron la fe de los apóstoles, que les quitó el miedo y la impotencia, esas palabras de vida eterna que impulsó a los discípulos a vencer la indiferencia, el dolor, el sufrimiento, la división. Ojala todos nos dispongamos a esta conversión cuaresmal; conversión de la muerte a la vida, del dolor a la victoria final del Señor Resucitado.

En este espíritu de discernimiento espiritual, iniciamos la Semana Santa con el Domingo de Ramos. La Misa solemne comienza con la lectura del Evangelio de la Pasión de Jesús en Jerusalén. Luego, las celebraciones siguientes de Jueves Santo, Viernes Santo, Vigilia Pascual, y Eucaristía del Domingo de Resurrección.

Las lecturas de este Domingo de Ramos nos llaman a mantener firme nuestra fe y confiar en la voz de Dios en todo momento, incluso, en medio de crisis y pruebas. En la Biblia fe es sinónimo de confianza. Confiar en Dios conduce a resistir para vencer el mal, y lograr nuevas esperanzas de vida humana y vida eterna.

En el relato de la Pasión encontramos a Jesús sentir tristeza y angustia, y en oración, pide al Padre que no se haga lo que Él quiere, sino la voluntad del Padre. «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad». Jesús confía de forma inquebrantable en la ayuda de Dios Padre; por eso no quedó confundido ni avergonzado.

Por otra parte, el relato de la Pasión revela la identidad de Jesús como Hijo de Dios.  Las palabras del centurión romano al pie de la cruz constituyen la revelación más solemne de todo el Evangelio de Mateo y su objetivo primordial: «Verdaderamente éste era Hijo de Dios» (Mt 27,54). 

En las pruebas o crisis, Dios hace surgir algo nuevo, aprendemos una lección. La pandemia del COVID-19 nos afecta a todos de manera rápida, silenciosa y sorpresiva. Nos sentimos frágiles e impotentes. Esta difícil situación es única e inédita que genera mucho dolor, sufrimiento y muerte; pero, al mismo tiempo, todos llamados a unir fuerzas, todos necesitados de ayudarnos y ser solidarios unos a otros; porque el grito silencioso de los pobres se agudiza mucho más. Como recientemente lo recuerda el Papa Francisco: “… Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás” (Reflexión durante la bendición, Urbi et Orbi).

Esta situación de crisis humanitaria global, nacional y departamental, nos lleva a reflexionar y discernir: ¿Dónde está la fe, confianza y solidaridad de los cristianos y -personas de buena voluntad- en esta situación de peligro? ¿Cómo, en lugar de estigmatizar o criminalizar al enfermo, al vulnerable, ser solidario con aquellos que lo necesitan y están en desventaja nuestra? Nuestra fe es frágil y sentimos impotencia pero nos mantenemos firmes en medio de esta pandemia que pone en peligro la raza humana.

Animo a las autoridades de la Municipalidad y la Gobernación, continuar coordinando y ahondando esfuerzos para que de la mejor manera posible, podamos superar y controlar este mal que nos azota. Asimismo, a las familias, -Iglesia Domestica-, ser solidarias y compasivas con los necesitados, los enfermos, los vulnerables. Así, experimentar nuevamente la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio solidario silencioso son nuestras armas vencedoras. 

Invito a vivir y celebrar la Semana Santa quedándose en casa, en familia, con espíritu de recogimiento, a través de los diferentes Medios de Comunicación y Plataformas Digitales, desde las diferentes Parroquias y Capillas.

Pido al Dios de la vida, alivie el dolor, sane a los enfermos, consuele los corazones afligidos; llene de fortaleza al Personal Sanitario, a las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, y demás Instituciones públicas y privadas que están doblando esfuerzos y trabajos para el bien común de nuestra sociedad.

Encomiendo a cada uno de Ustedes, al cuidado y protección de Dios, bajo la intercesión de la Mamita de Chaguaya y del Patrón San Roque.

Fraternalmente,

+Jorge Saldías Pedraza, O.P.

Obispo de la Diócesis de Tarija.